25 de agosto de 2026
Después de explorar la influencia mediterránea y nórdica en el diseño de salones, continuamos nuestro recorrido por las tendencias del interiorismo con un fenómeno que, en los últimos años, ha conquistado a arquitectos e interioristas de todo el mundo: el Color Drenching.
No se trata simplemente de una tendencia cromática, sino de un verdadero cambio de perspectiva: el color deja de ser un elemento decorativo y pasa a formar parte integral del proyecto, capaz de definir el espacio, guiar la percepción y contribuir a expresar la identidad de un ambiente.
Y cuando el color se encuentra con la materia —piedras, maderas, metales, superficies y texturas— el resultado se vuelve aún más interesante: ambientes inmersivos, coherentes y reconocibles, en los que cada elemento contribuye a una misma narrativa.
Un enfoque especialmente eficaz también en el mundo de la belleza, donde el espacio no es solo el lugar en el que se presta un servicio, sino una parte importante de la experiencia del cliente.
El término Color Drenching, literalmente “inmersión en color”, hace referencia a un enfoque de diseño basado en el uso de una misma tonalidad, o de variaciones de un mismo color, sobre varias superficies de un espacio.
Paredes, techos, puertas, marcos, jambas y rodapiés se tratan así como un único conjunto visual, llegando en algunos casos a involucrar también los elementos de mobiliario.
El resultado es un espacio en el que las tradicionales separaciones entre una superficie y otra se atenúan y el color se convierte en una especie de hilo conductor de todo el ambiente.
Frente a la más tradicional accent wall, o pared de acento, utilizada para crear un punto focal mediante el contraste cromático, el Color Drenching sigue una dirección opuesta: no concentra la atención en una única superficie, sino que crea continuidad e inmersión.
Las principales interpretaciones son dos:
En el diseño contemporáneo de salones, el color ya no es simplemente algo que se elige y se combina con el mobiliario. Se ha convertido en una auténtica herramienta de diseño, al mismo nivel que la distribución de los espacios, la iluminación y la elección de los materiales.
Utilizado de forma estratégica, puede contribuir a:
Para los espacios beauty, las posibilidades son prácticamente infinitas. Terracota y tonos ladrillo, verde salvia y bosque, burdeos y ciruela, rosa empolvado, azules profundos, hasta llegar a los neutros cálidos como el greige y el taupe: la elección depende de la identidad que se quiera construir y de la manera en que el color dialogue con la luz, los materiales y el mobiliario.
Cuando las diferencias cromáticas se reducen, es la materia la que aporta profundidad al espacio.
En un ambiente dominado por una misma tonalidad, la variedad visual nace de la forma en que las superficies reaccionan a la luz: mate y brillante, liso y rugoso, sólido y transparente, superficies que absorben la luz y otras que la reflejan.
Es aquí donde los materiales y las texturas se convierten en protagonistas.
Las piedras naturales, como el travertino, el mármol y el ónix, introducen vetas e irregularidades únicas. Las maderas, como el roble y el nogal, aportan calidez a través de sus vetas naturales. Materiales como el latón y el bronce pueden crear pequeños acentos luminosos, mientras que los acabados murales texturizados, la cerámica y los tejidos contribuyen a crear un ambiente más rico y sensorial.
El resultado no es simplemente un espacio monocromático, sino un entorno en el que un mismo color adquiere diferentes matices según la superficie sobre la que se aplica.
Este enfoque también se acerca a los principios del diseño biofílico, en el que los materiales naturales, las texturas y los colores inspirados en la naturaleza contribuyen a generar una sensación de equilibrio y bienestar.
Un aspecto especialmente interesante para un salón: el cliente no entra simplemente en un espacio, sino que pasa tiempo en él. El confort, la percepción y la atmósfera se convierten, por tanto, en una parte integral del servicio.
Es precisamente en el encuentro entre color, materia y mobiliario donde el Color Drenching puede transformarse de una tendencia en una auténtica herramienta de diseño.
En un proyecto BeautyStar, las tonalidades del ambiente pueden dialogar con las formas, los acabados y los materiales del mobiliario, creando composiciones en las que cada elemento contribuye a la identidad global del espacio.
Por ejemplo, una paleta neutra y cálida puede realzarse mediante superficies efecto madera y detalles matéricos, mientras que las tonalidades más profundas pueden encontrar equilibrio a través de acabados refinados, superficies satinadas o elementos de formas limpias y esenciales.
El objetivo no es crear un ambiente en el que “todo sea del mismo color”, sino construir una continuidad visual en la que color y materia trabajen juntos.
El color y la materia son hoy dos de las herramientas más interesantes para construir la identidad de una peluquería o de un centro de estética.
Seguir las tendencias no significa necesariamente replicar una estética ya vista, sino comprender cómo utilizarlas para desarrollar un proyecto personal, coherente con la marca y con la experiencia que se quiere ofrecer.
Porque un salón bien diseñado no comunica únicamente a través de su logotipo o de lo que sucede frente al espejo. Comunica a través de cada superficie, cada color, cada material y cada detalle.
Y cuando todos estos elementos hablan el mismo lenguaje, el espacio se convierte en parte de la identidad de la marca.
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El equipo BeautyStar está a tu disposición para desarrollar contigo un proyecto personalizado, pensado a partir de las características de tu espacio y de la identidad que quieres construir.



